martes, 21 de diciembre de 2010

Amor, ni tu ni yo tenemos la culpa de que hoy sea hoy.

-Era una noche lluviosa de Noviembre…

-Joder. vaya topicazo. ¿Cómo se te ocurre empezar una narración así? Como si no hubiese noches en el mundo y no fueras a encontrar una noche que sea tu noche y no la puñetera noche lluviosa de noviembre de siempre. Échale huevos, dale vida al relato, tio, cuéntame cómo era la noche de tu vives en la historia…

Yo recordaba tu voz mezclada con la mía en el auricular saturando de viscosa incomprensión los hilos del teléfono. Recordaba cómo las gotas que repiqueteaban contra el cristal con un sonido rechoncho y grave, mientras el mundo se me hacía de pronto tan comprensible como estéril.

-Ya. Pero es que era así.

-¿Si?

-Si, era una noche lluviosa de Noviembre…

-¿Y?

-Y yo la estaba perdiendo.


viernes, 3 de diciembre de 2010

Escribir me da la vida.

        Llevo una hora escribiendo. Es viernes por la tarde, fuera hace mucho frio y el sol se extiende en  una tarde nítida como el cristal. Y si os digo esto es porque lo siento como una de esas grandes emociones que no te caben en el pecho, ni en la casa, que podrías derramar por la calle como un humo vago y celestial, una de esas emociones que solo tiene cabida en la momentánea complicidad de un amigo, liberada a bote pronto sobre un café o una cerveza fría, y disipada por el instante en que ya lo has dicho y ahí os habéis quedado: silenciosos y estáticos como el paisaje.

        Pero estoy solo y voy a decirlo aquí.

        Voy a decírtelo a ti.

        Escribir me da la vida.

        No se si llegaré a alguna parte como escritor. Pero escribiendo llego a la vida. Y si no llego a ella, al menos llego a saborear este placebo suyo, perfectamente contrario al vacío, a la desesperanza, al desamor.  

        

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