sábado, 14 de junio de 2014

Correrse en Kowloon


Y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes,
Y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban,
Y los animales fornican directamente,
Y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas,...

Pablo Neruda, Caballero solo.



Anoche, de entre los tejados sucios y azoteas de la ciudad, repletas trastos y macetas, de sillas y mesas cogidas de la calle o comparadas un domingo en el bricoshop, entre chimeneas, antenas fuera de servicio y zumbantes máquinas de aire acondicionado, subía la voz de una vecina como un humo invisible ligero y opaco: sin forma precisa o tan precisa como puede ser la voz del sexo con las ventanas abiertas.

Se corrió nuestra vecina con un grito alegre y brillante, desenvainado en una voz aguda que se elevó y se elevó sobre la calle, para caer de golpe y apagarse de pronto en la calima de las cinco y veinte, devolviéndolo todo al graznido de las golondrinas, al rumor de voces, cucharillas, cubitos de hielo y fichas de dominó que asciende desde la calle y al siseo que hace la brisa de Junio cuando entra en las casas, levantando cortinas y atravesando persianas a medio echar, tras una de las cuales yo me imaginaba a nuestra vecina, durmiendo como vino al mundo, rendida y satisfecha.

Collage: Detalle constructivo de ventana de techo, de Arauco consctrucciones sostenibles; panorámica de Kowloon Walled City (Hong Kong), tomada en 1970, encontrada en www.randomwire.com; "Danae" de Gutav Klimt. Actualmente en la Galerie Würthle (Viena). Todas las imagenes están invertidas.

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