jueves, 18 de noviembre de 2010

        C… mira delante de si. No sabemos si nos ve. Yo creo que si. Me ve cuando estoy cerca de ella y entro en el campo de visión de sus ojos. Lo se porque si bien tiene los ojos fijos en un punto, si que los mueve no cuando algo le toca los cojones. Como prueba no es moco de pavo: Entonces inclina muy levemente su gran cabeza hacia un lado de la cama y casi se pueden ver sus cejas interrogantes en el rostro inexpresivo. La mueca me pone contento: mientras C… se queje, sentencie, ordene y controle, mientras sea gruñona, mandona, exigente y, a veces, incluso bastante desconsiderada, estará aún muy del lado de los vivos. A veces espero estos gestos como agua de mayo.

        Me inclino sobre ella y la beso como hacemos en mi familia: con muchos besos seguidos sin despegar la boca de su mejilla. Cerca de mi oído puedo oír sus labios pegarse y despegarse muy flojito. Jlik. Y su consciencia de mi me llena de alegría.

        En el cumpleaños de mi padre, le hice un video que recogía toda su vida en fotos, desde lo más atrás que pude llegar en el pasado hasta el día de hoy. Ahí es nada. Para mi fue como estudiar en googleearth las carreteras que van de París a Shangai. Supongo que para él sería como volver a recorrerlas.

        El video empieza en la foto más antigua que pudimos encontrar. Cuesta creer que tu padre pudiese haber sido ese niño de 2 años que miraba a la cámara sentado el fondo difuso y artificial de un viejo estudio de fotografía, pensar en su vida antes y después de ese momento, su vida de niño que dice tonterías y vive inmerso en esa perfección, redonda e infinita, del seno materno. Con la copa de champán en la mano, yo lo oservaba y me abstraía en la idea de su voz, sus juegos, el lienzo de su mente que en aquel entonces comenzaba a llenarse de borboteante información que luego le serviría para ser hoy el que es: el tipo sin el que me cuesta imaginarme la vida. Es un buen tipo, mi padre. Pero por más parecido que les buscara (mi padre en pié, entre sus amigos observando el video sonriente, y el niño ahí, mirándonos a todos desde la pantalla mientras sonaba una vieja canción italiana), no les encontraba más que el que le encontraría a Saturno con un ciempiés.

        La siguiente foto del video era del mismo niño, un mico en toda regla, que intenta caminar al borde de un camino recolgado por si acaso de la mano de su madre: una señora morena, ni gorda ni delgada, y que tiene la misma carita gallinácea que ahora me mira desde su camilla -aunque no pueda asegurar que me vea- con los ojos muy grises y sin brillo.

        C… yace estos días entre todas las voces de quienes hemos hecho de cuidarla nuestra vida cotidiana. No sé de qué hablarle. Aunque quisiera contarle muchas cosas que le encantarían, hoy casi todo agota su mente. Le cojo la mano, le digo que simplemente trabajo mucho y que es una suerte. Ella aprecia eso. Y a falta de más que contar, así nos quedamos.

        Le gusta que le cojan la mano, a veces le obsesiona. Yo la entiendo. A mí en su lugar también me obsesionaría. Dicen que parece una niña chica, pero a mi el gesto me dice que es una mujer como yo soy un hombre y no un niño. Me doy cuenta de ello cada vez que va a hablar y todos nos tendemos hacia ella para escucharla mejor. Su gran y lento esfuerzo que nos llena de servicial expectación… Yo cruzo los dedos para que sea una sentencia de las suyas, un reproche innecesario, una orden algo caprichosa y sin demasiada profundidad, una de sus magníficas tocadas de moral… hasta que por fin dice:

        Tengo miedo.

        …Ah, bueno era eso, anda, venga... Le damos mimos, le gastamos bromas quitándole leña al asunto. Sin embargo algo cruje en mi interior y no es por la niña: Es por una mujer a la que tengo cogida la mano. Es a ella y no a la niña a la que este gesto reconforta.

        Acaricio sus deditos, con esta curiosa mezcla de amor y conciencia física del otro. Acaricio sus deditos con el mismo gesto con que probablemente su marido se los acariciaba cuando empezaban a salir. Siento su calor, lejano a través de su piel hinchada y llena de manchas que observo con fascinación: repaso sus muñecas, remonto sus brazos, que descansan sobre las sábanas, flácidos y llenos de sabañones a pesar de que no hace ningún frío… ; su cuello con esa cicatriz horizontal suya, tan suya, y esta cara en la que, por más que digan, reconozco a la mujer de la fotografía… los mismos ojos, su misma boca, hoy mal encajada y babeante…

        Imagino sus hombros, su pecho bajo la camisa, su vientre, sus piernas, su cuerpo, el cuerpo que le ha tocado llevar, padecer un poquito y disfrutar enormemente… con todos sus defectos y prestaciones de cuerpo, con el que jugaba cuando era niña o canaba hasta quebrarse la voz en su carrera de canto, el mismo cuerpo -me es imposible no tener este pensamiento- que tantas veces se acostó con mi abuelo y que dio a luz y paseó al niñillo ése de la foto, que dicen que es mi padre aunque a mí me cueste tanto creerlo como tan poco reconocerla ahora a ella delante de mí. Quizá porque yo también la he estado viendo toda mi vida, porque he estado en su regazo y recuerdo su imagen como una constante que llega muy lejos en el tiempo, mezclada con juguetes que he perdido, nadando juntos en varias piscinas, en el mar, en el tiempo, hasta los años en que por fin hemos establecido una complicidad, jugando con las ideas y no pocos dibujos, conociéndonos y compartiendo, en fin, tantas cosas… que he llegado incluso a querer, cuando sea viejo, parecerme a ella ella y conservar toda mi vida esa curiosidad inagotable que para mi le ha dado la juventud o, al menos, la ha traído junto a la mía.

        z¿Fractales, abuela? ¿Cómo te explico yo ahora lo que son los fractales?

        Y se lo tuve que explicar y ella lo entendió, a su manera, corrigiendo la ignorancia con la virtud de quien se arriesga a hacerse una idea de lo desconocido.

        Desde el instante en que estoy parto de su mano hacia atrás en el tiempo. La atravieso como una nube de cifras más o menos precisas (su fuerza, su poscición, su velocidad, su calor, las frecuencias de su voz en momentos de regañina y ternura)… que definen cada una de las veces que mi cuerpo ha interactuado con el suyo , desde ahora que me coge la mano, hasta el tiempo en que me levantaba del suelo para cogerme en su regazo y yo me dejaba levantar sin dudar de esa fuerza, que para un niño es tan cierta como el agua del mar. Pienso incluso en la época en que mi abuela no era todavía mi abuela sino una mujer cuya vida por más que que me hayan contado me es bastante desconocida….

        ...De pronto, soltándose de mi mano, C... alza el brazo, muy lentamente, como una pesada bandera. Yo la animo: ”venga Lela, venga venga, ay ay”, bajito y alegre… hasta que respetuosamente y un poco intrigado, la dejo concentrarse, me callo y observo...

        Mi abuela se rasca la mejilla
        Y yo en este gesto veo el infinito.


10 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Yo lo veo en tu mirada cuando vas más allá y te quedas aquí a la vez.

Erato dijo...

Me han derrotado tus palabras! Han sacado tantas cosas de mi que estoy aturdida.Lo leí no una, sino tres veces y me ha parecido de una ternura tan infinita como los cielos de agosto lo son para mi.Solo me sale decirte: magnífico, entrañable, intenso...Un abrazo enorme.Por cierto ¿para cuando esa foto?Tengo curiosidad

egolastra dijo...

Tan tierno y sincero que pellizca allí donde nunca soñó llegar el tacto.

Un beso para tu Lela.

Tamagotcha Honoris Causa dijo...

Primor:

Disculpa por no haberle echado al texto el vistazo que te prometí. He tenido una semana muy ajetreada y estuve jueves y viernes en Sevilla en unas jornadas. Pero veo que te apañas muy bien solo :D

Un texto precioso, ya sabes. A mí me arrugó el corazón cuando lo leí por primera vez. Y, como siempre, tu sensibilidad enamora. No la pierdas nunca, aunque las rubias malas se rían de ti.

Besitos.

poetadebotella dijo...

mmm...bonitas y tiernas, sobre todo tiernas palabras...!:)
estoy de prácticas ahora mismo es una Residencia, y no veas el cariño que demanda este sector de la sociedad, es brutal!
gracias por pasar por mi botella!;)

Amèlie dijo...

Excelente prosa. No solo retrocediste en el tiempo de ella, de ti y de tu padre-niño, sino que me hiciste revolver mi memoria entera. Y es que llegamos a ser tantos en una sola vida.

Un beso y saludos desde Chile.
Sin duda que por aquí seguiré pasando.

distrito candelas dijo...

Hola!

Estos días nos mudamos al distrito candelas y lo blogueamos antero y candela. Esto es una invitación abierta a pasarte, si te apetece, habrá petardos y chocolate con churros. Y gracias.

Candela

leibovitz dijo...

lástima que no tengas twiter
@a_leibovitz

Casiopea dijo...

Será eso de que a los padres les quedan bien las canciones italianas antiguas... ( A los míos, también les hicimos un video con fotos de su boda y canciones antiguas italianas); )
Yo también quiero mucho a mi abuelo, hay que disfrutarlos mientras están. Muy bonito.

Helenaconh dijo...

qué preciosidad de texto

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